Arq. Ariel Ascione
Arq. Maximiliano Molina

Buro

Buenos Aires _ Argentina

HOJARASCA

BIO

BURO surge, como tantas otras cosas, a través de la necesidad, la necesidad de producir, la necesidad de tener una voz propia, la necesidad de poder ir máas allá de lo meramente establecido. Es así que en 2015 se unen los arquitectos Ariel Ascione y Maximiliano Molina, ambos compañeros y egresados de la Universidad de Morón. La Oficina se centra en la producción de proyectos de pequeña y mediana envergadura. Haciendo especial hincapié en el desarrollo tectónico de nuevos sistemas constructivos.

Dentro del ambiente académico, ambos participaron activamente del Instituto de investigación en diseño y georreferenciación (IGEO) de la Universidad de Morón, trabajando en proyectos de investigación de diferentes escalas de importancia, desde pequeñas intervenciones urbanas hasta grandes proyectos urbanísticos.

Colaborador: Maximo Murrone

MEMORIA

Cuál será esa fuerza que lleva a los niños a querer trepar a los árboles? Quizás sea el hecho de la aventura de poder ver el mundo desde una perspectiva que les es ajena, una visión del mundo que les permite descubir cosas que desde el suelo les son invisibles, o bien podría ser la satisfacción del esfuerzo físico realizado para lograr alcanzar la copa y una vez ahí sentirse al resguardo de las ramas y el follaje sabiendo que pueden verlo todo, pero nadie a ellos.

Lo que sí sabemos es que todavía guardamos en nuestro ADN ese resabio primitivo de nuestros antepasados primates, y por más que nos veamos al espejo como seres humanos, medularmente todavía seguimos siendo animales.

El Pabellón nos propone dejar salir ese niño que alguna vez fuimos y que, sin prejuicios y guiado únicamente por sus instintos se lleva el mundo por delante, para que quizás, por un rato, seamos como aquel personaje del Barón Rampante de ítalo Calvino, quién después de una disputa familiar subió a un árbol y de ahí nunca más bajó…

La estructura del pabellón se eleva del terreno a través de pilotes para dar lugar a un espacio de encuentro tamizado para una piel de listones verticales, los cuales pensulan, oscilan y se golpean entre sí al compás del viento, resignificando de alguna manera el follaje. El acceso se produce a través de una red de dogas dispuestas de tal manera que el esfuerzo realizado enriquezca la promenade completándose en lo más alto con el mirador que permite tener una visión manorámica por sobre la “copa”.

Aprovechando las dimensiones esbeltas de los listones implementados, el pabellón incorpora al material una nueva propiedad. Así como en las campanas de viento, las cortinas perimetrales conformadas por listones colgantes producen sonidos percutivos cuando el viento les transmite su cinética. De esta forma la piel logra ofrecer no solo un juego de luces y una sensación de vida y movimiento en el espacio, sino que también una sonido envolvente y terapéutico.